





















Cuando se activa una alerta por sismo, huracán o inundación, no solo las calles colapsan. En segundos, los hospitales se llenan, la energía puede fallar y los equipos médicos se vuelven la línea entre la vida y la muerte. En estos momentos, el Plan DN-III-E se convierte en un aliado fundamental para el sistema de salud.
Este plan, coordinado por la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), es una estrategia de respuesta inmediata ante desastres. Aunque suele asociarse con labores de rescate y ayuda en comunidades, también entra a los hospitales cuando es necesario.
Durante una emergencia, los hospitales no pueden cerrar. Al contrario, se transforman en puntos neurálgicos donde convergen pacientes, familiares, personal médico y autoridades.
Pero, ¿qué pasa cuando el hospital también resulta dañado? ¿Si se interrumpe el suministro eléctrico? ¿Si los accesos quedan bloqueados?
Aquí es donde el Plan DN-III-E interviene con fuerza:
Entre médicos, enfermeras y rescatistas, hay un grupo silencioso pero vital: el personal biomédico. Ingenieros y técnicos que, en plena crisis, deben garantizar que los ventiladores, monitores, bombas de infusión y sistemas de respaldo estén funcionando.
En un desastre, el tiempo apremia. Y también la electricidad, la conectividad y la disponibilidad de refacciones. Por eso, el personal biomédico debe estar listo para:
Casos recientes como el huracán Otis en Acapulco (2023) o los sismos del 19 de septiembre de 2017 mostraron cómo el Ejército puede instalar hospitales móviles, restablecer servicios esenciales y trabajar codo a codo con personal de salud civil.
En Acapulco, por ejemplo, varias clínicas quedaron sin electricidad. El Plan DN-III-E entró con generadores, personal técnico y brigadas médicas para mantener la atención hospitalaria. Sin ese apoyo, cientos de pacientes habrían quedado desprotegidos.
El Plan DN-III-E no actúa solo. Requiere coordinación con las unidades hospitalarias, que deben contar con su propio plan interno de protección civil, simulacros y rutas de evacuación. Las jefaturas biomédicas deben tener listas de equipos críticos, mapas eléctricos y conocimiento básico de protocolos de emergencia.
Porque cuando un desastre ocurre, el tiempo no alcanza para improvisar.
El Plan DN-III-E es mucho más que soldados ayudando en la calle. Es una red de apoyo que también entra a quirófanos, pasillos de urgencias y áreas de terapia intensiva para garantizar la continuidad del servicio médico.
Como personal biomédico, tenemos la responsabilidad de conocer el plan, integrarnos en los simulacros y actuar con rapidez cuando cada segundo cuenta. Porque en esos momentos, la tecnología médica también necesita protección.
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