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Desde tiempos inmemoriales, el ser humano ha dependido del oxígeno para vivir, aunque su descubrimiento como elemento químico es relativamente reciente. Durante siglos, la humanidad observó su presencia sin comprender del todo su papel en la respiración y la combustión. Hoy, exploramos la historia del oxígeno, desde sus primeras observaciones hasta su aplicación en la medicina moderna.

El misterioso elemento del aire

Mucho antes de que se conociera el oxígeno, ya existía la curiosidad sobre la combustión. En el siglo III a.C., Filón de Bizancio realizó un experimento que consistía en colocar un vaso de vidrio sobre una vela encendida y sellarlo sobre una superficie con agua. Notó que la llama se extinguía y que el agua ascendía dentro del vaso, aunque en aquel momento no se comprendía el motivo.

No fue hasta el siglo XVII cuando Robert Boyle retomó este experimento, concluyendo que el aire era necesario tanto para la combustión como para la respiración. Para demostrarlo, sustituyó la vela por ratones y observó que, al agotarse el aire dentro del recipiente, estos dejaban de moverse. Esto marcó un hito en la comprensión de la relación entre el aire y la vida.

De “Aire del fuego” a elemento químico

En el siglo XVIII, el sueco Carl Wilhelm Scheele logró producir un gas a partir del calentamiento del óxido de mercurio, al que llamó “aire del fuego” porque intensificaba la combustión. Sin embargo, su descubrimiento pasó desapercibido hasta que, en 1774, el británico Joseph Priestley replicó el experimento y descubrió que los ratones expuestos a este gas vivían más tiempo y mostraban mayor actividad.

Intrigado, Priestley inhaló el gas y experimentó una sensación de bienestar, lo que lo llevó a concluir que podía ser beneficioso para la salud. A pesar de este hallazgo, no fue hasta que el químico francés Antoine Lavoisier refinó los experimentos y demostró que el “aire esencial” (como él lo llamó) era un elemento químico, al que finalmente denominó “oxígeno” en 1777.

El oxígeno en la medicina

Siguiendo la teoría de Priestley sobre los posibles beneficios del oxígeno, el médico francés Caillens fue el primero en utilizarlo con fines terapéuticos en un paciente con tuberculosis. Sin embargo, a finales del siglo XVIII, el oxígeno era considerado un lujo y su acceso estaba limitado a quienes podían pagarlo. Thomas Beddoes, en su clínica especializada, perfeccionó la administración del gas, desarrollando bolsas transportables y mascarillas para su aplicación.

Durante la Primera Guerra Mundial, el médico John Scott Haldane revolucionó la fisiología de la respiración al desarrollar la teoría de la hipoxia y la cuantificación de los gases arteriales, sentando las bases para la comprensión del intercambio de oxígeno en los alveolos pulmonares.

Con los avances en la aplicación del oxígeno, Earl J.M. Campbell diseñó las mascarillas de efecto venturi, que permitían diluir el oxígeno con el aire ambiente y ajustar su concentración de manera más precisa. Hoy en día, los reguladores modernos permiten administrar oxígeno en terapias médicas con gran exactitud, mejorando la calidad de vida de millones de personas.

El oxígeno ha sido un elemento clave en la evolución de la ciencia y la medicina. Desde los primeros experimentos con velas hasta su uso en hospitales, su importancia ha quedado más que demostrada. Lo que alguna vez fue un “aire esencial” desconocido, hoy es un componente fundamental en la atención de la salud y la vida misma.

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Iván Rodrigo Cruz Bazán
Ingeniero Biomédico | [email protected]

Soy Rodrigo, ingeniero biomédico y apasionado por la naturaleza, la fotografía y la exploración. A través de Enlace Biomédico, conecto la tecnología con la salud, divulgando sobre ciencia y tecnología.
Cuando no estoy trabajando disfruto contemplar paisajes y compartir momentos que inspiran.

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