





















El pasado 23 de julio de 2025, personal médico y de enfermería del IMSS-Bienestar protagonizó una manifestación en Insurgentes Sur, Ciudad de México, exigiendo soluciones urgentes ante la falta de medicamentos y pagos laborales atrasados. La protesta derivó en un enfrentamiento con elementos de la policía capitalina (granaderos), quienes encapsularon y dispersaron a los manifestantes.
El conflicto, lejos de ser aislado, expone la creciente crisis dentro del sistema de salud pública bajo la operación del IMSS-Bienestar, especialmente en regiones como el Istmo de Oaxaca, donde el personal también mantiene un paro indefinido.










Las y los trabajadores han denunciado una serie de carencias estructurales:
Durante la protesta en la CDMX, los manifestantes bloquearon la vialidad frente a la estación Altavista del Metrobús, exigiendo atención directa de autoridades federales. Aseguraron representar a más de 4 500 trabajadores a nivel nacional, cansados de promesas sin cumplimiento.
Ante la ausencia de funcionarios en la mesa de diálogo pactada, el grupo decidió mantener el bloqueo. Poco después, fueron encapsulados por granaderos, y se desató un conato de violencia:
La protesta terminó horas después, pero con un claro mensaje: la exigencia de respeto a los derechos laborales y a la dignidad del personal de salud.
Tras el enfrentamiento, el gobierno federal y representantes del IMSS-Bienestar propusieron una nueva mesa de diálogo:
No obstante, los representantes del movimiento advirtieron que las movilizaciones continuarán si los acuerdos no se cumplen en tiempo y forma.
El caso en CDMX es solo una muestra de lo que ocurre en otras regiones del país. En el Istmo de Oaxaca, personal de salud ha denunciado desde junio:
La falta de medicamentos, materiales quirúrgicos y equipo básico ha puesto en riesgo la atención a cientos de pacientes, principalmente en comunidades rurales y marginadas.
Desde el punto de vista técnico y operativo, la interrupción de suministros médicos y fallas en el pago del personal de salud representan una amenaza directa al funcionamiento de los servicios. La precarización del trabajo sanitario repercute no solo en el bienestar de los profesionales, sino en la seguridad del paciente y en los indicadores de calidad asistencial.
Además, cuando el personal protesta por falta de medicamentos o infraestructura, está evidenciando una cadena rota en la gestión de tecnología médica, algo que no se puede resolver solo con discursos.
El conflicto del IMSS-Bienestar no es solo laboral: es un síntoma de una crisis sistémica en el sector salud público en México. El modelo debe garantizar condiciones mínimas de seguridad, insumos, estabilidad y dignidad para el personal, si de verdad busca ofrecer atención gratuita y de calidad a la población.
Mientras tanto, las y los profesionales de la salud siguen levantando la voz —no solo por sus derechos—, sino por la salud de todos.
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